A menudo, amar
se nos hace cuesta arriba.
Los enfados,
las peleas,
los disgustos,
las decepciones;
todo eso, a veces,
pasa factura:
Largas noches
de insomnio,
la angustia
abordando tu pecho,
las lágrimas
quemándote la piel.
Y merece la pena
si se aprenden a amar
los errores del otro.
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